Guía para recorrer la muestra 30 (treinta), de Andrea Fasani

Apertura: 24 de noviembre de 2016

Acerca de la muestra

La instalación visual “30” de Andrea Fasani, se trata de un proyecto que nació en 2006 cuando se cumplieron los treinta años del golpe de Estado, y que pretende individualizar, rescatar una a una a las personas desaparecidas por la última dictadura cívico militar.
El soporte elegido es el clásico cuaderno “Gloria”, de tapa naranja y 24 hojas. Miles de estos cuadernos, numerados, con la foto de cada desaparecido en la primera hoja, luego su nombre repetido en cada página, componen la instalación.
Fasani comenzó a trabajar en ellos sola: recortar, pegar, escribir, catalogar. Luego comenzaron las jornadas colectivas de escritura, ejercicios de memoria colectiva y colaborativa de los cuales cualquier persona puede formar parte.
La artista visual trabaja sobre los recordatorios de los desaparecidos que publica Página/12. Uno, dos, tres cuadernos Gloria de 24 páginas, esos de color naranja, escolares, que se usaban para anotaciones breves, para que los maestros enviaran comunicaciones para los padres, para que un pequeño comerciante lo usara como libreta. Diez, veinte, cincuenta cuadernos apilados, esparcidos por el suelo, en cajas de archivo rigurosamente numeradas, fichadas. El color naranja domina la escena, lo mismo que el papel y esa guarda con la banderita argentina. Cientos de cuadernos que se van acomodando a lo que de lugar el sitio, la explanada, la plaza o el salón en que son exhibidos.
Cada cuaderno Gloria tiene un número y ese número corresponde a una persona, específicamente a un detenido desaparecido o a una víctima del terrorismo de Estado. Al abrirse, el cuaderno muestra en la primera página el recordatorio de los familiares y amigos de esa persona que sale en Página/12. Al pasar a la siguiente hoja se lee el nombre en caligrafía estricta y a continuación el nombre se repite una y otra vez. Sólo el nombre y el apellido, hoja tras hoja, escrito para no olvidarlo.
Además del número específico, la portada de cada cuaderno lleva el número 30 mil. De ahí surge el título de esta instalación creada por la artista visual Andrea Fasani: 30 (Treinta), que comenzó en 2006 cuando se cumplieron los 30 años del golpe y todavía continúa, como un work in progress, a medida que recorre el país y agrega información, recursos e insumos. Desde entonces estuvo en Río Gallegos, en Bahía Blanca, en Plaza de Mayo, en facultades de la UBA y del conurbano, en centros culturales y de la memoria, en eventos de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Según el espacio, Fasani reagrupa sus materiales, procesa los datos y las reacciones percibidas, y ofrece una nueva vuelta de tuerca, se deja llevar. Ha hecho presentaciones de carácter más performativo, donde un grupo de personas sentadas alrededor de una mesa escribían una y otra vez los nombres de cada desaparecido en el cuaderno correspondiente, en medio de un silencio conmocionante donde se oían las respiraciones, algún ruido que evocaba el habitáculo de un archivo solemne y aterrador. En otras ocasiones, los cuadernos directamente se brindan al público, que se acerca, elige uno y escribe: “No es un proyecto estático sino interactivo -dice Andrea Fasani-. Hay personas que siguen la instalación, que vienen y siguen escribiendo cuadernos. Hay personas que se enteran en el momento, como sucedió en el Bauen, gente de otras provincias, por ejemplo. Y rápidamente reconocen el mecanismo. Buscan en las listas. Yo tengo dos listados, es mi manera de trabajar, por orden alfabético y por número de cuaderno; yo las tengo expuestas esas listas, buscan el cuaderno y se ponen a escribir. Es decir, es muy interactiva”.
Como nota de color, o no tanto, hay que decir que la elección del soporte suscitó la crítica de la papelera Ledesma SA, administradora del Ingenio Azucarero jujeño en el que desaparecieron un centenar de personas durante la dictadura. En julio de 2011 las autoridades del Centro Cultural Haroldo Conti fueron reconvenidas para retirar “30” de su sala de exposición en tanto “dicha obra injuria y calumnia a Ledesma SA con los hechos de violencia vividos en nuestro país durante la década del 70, y a la vez provoca un grave daño a la marca Gloria”, según las palabras de los abogados de la Ledesma SA, una empresa que es un símbolo de la complicidad civil con el genocidio militar. Como no podía ser de otra manera, ni la artista ni el Centro Cultural Haroldo Conti, cedieron a las amenazas y la muestra se mantuvo hasta el último día.
“30”, obra abierta es al mismo tiempo infinita, coral y personal, abstracta y concreta, barroca y minimalista. El sueño de una artista que se corporiza para no desaparecer nunca más.
Lo anónimo, en concepto de NN, aquello que “no existe” o “no existió”, recuperará su nombre y apellido, su individualidad, esos nombres volverán a tener estatuto de existencia, como si pertenecieran a un nuevo padrón, ya que se ha hecho voto por su vida, por sus ideales, por obliterar el olvido.
De esta manera, como sanación, como exorcismo, como insistente recordatorio, el arte quiere romper con la mera estadística, para recuperar al individuo y sus microhistorias, en el contexto terminal de los 70. Luego de treinta años, esta obra fundará el camino de la metáfora poética, donde amigos, colegas, alumnos y público contribuirán a enriquecerlo.
Una serie de performances o acciones en vivo de escritura concreta, de escritura virtual, de música, de escritura colectiva servirán para el encuentro, la emoción y la reflexión.

Acerca de la artista

Andrea Fasani es artista visual autodidacta, performer, ceramista. Vive y trabaja en Buenos Aires. Es además una sobreviviente del terrorismo de Estado; estuvo 45 días en el centro clandestino de detención “El Banco”, donde pasó la mayor parte de su cautiverio encerrada en un “tubo” calabozo de ínfimo espacio en la total soledad. “Trataba de recordar cada minuto -cuenta Fasani-. Temí olvidar todo, dudaba acerca del estado de mi cabeza luego de los tormentos recibidos...guardé el ticket del espectáculo que vi la noche antes de mi secuestro. Siempre temí olvidar. El miedo fue, es poderoso”. Esa certeza referente al poder negativo del olvido y del miedo la impulsó a organizar esta instalación, que comenzó en el año 2006, y desde esa fecha viene recorriendo varios puntos del país, facultades, sitios de memoria, patios y museos, adaptándose y nutriéndose con cada experiencia.
“El proyecto surge en enero de 2006 luego de una larga reflexión sobre mi propia historia, los desaparecidos, el lavado de la historia, los recordatorios de Página/12, el hoy. La imagen en mi cabeza era forrar calles con sus fotos. Fue entonces cuando comencé a buscar el soporte para individualizarlos, para rescatarlos uno a uno del número: 30.000. Junté los recordatorios desde que comenzaron a salir, los tenía acumulados en mi archivo, los quería retener en mi memoria. El cuaderno Gloria de 24 hojas, popular y familiar desde mi infancia, anaranjado y con la cinta patria atravesando la palabra, fue sin dudas el elegido. Anaranjado, cubriendo calles y veredas, impecable, plena, vigorosa presencia visual para no olvidar el horror indescriptible de nuestra historia. Numerados, con la foto de cada desaparecido en la primera hoja, luego su nombre repetido en cada página de las 24 hojas. Comencé a trabajar en soledad: recortar, pegar, escribir, catalogar; un trabajo arduo, de gran concentración. Pensé en modalidades paralelas a la acción cotidiana, en reuniones grupales para escribir y nombrarlos. Me planteé etapas progresivas del trabajo, pequeñas metas a cumplir día a día hasta lograr el número de cuadernos deseado. Voy registrando cada paso. Pensé en sitios, en ámbitos emblemáticos: la Plaza de Mayo, la ex ESMA, la Iglesia de la Santa Cruz; pensé en plazas, museos, galerías, universidades. El cuaderno Gloria, cuaderno de comunicaciones y de “castigos” (repetir, repetir). Escribir cien veces no debo. Decido pegar una foto en la primera hoja, la portada, numerar cada una y numerar cada cuaderno. 30.000 cuadernos numerados, 30.000 fotos de ellos, los desaparecidos. Los saco del anonimato, los nombro uno por uno, los recuerdo.
Los números: 2006, 30 años, 30.000 personas desaparecidas. Decido repetir sus nombres en todas las hojas de cada cuaderno. Escribo: 1 Abigail Attademo...Es un trabajo de gran concentración: no cometer errores ortográficos, no repetir el número ni saltearlo, etc. Al escribir se produce en mi cabeza un espacio pleno de recuerdo de la persona que nombro y escribo, una oración, un mantra, lo recuerdo, lo revivo. Un ejercicio para mi memoria. Cada página es un dibujo particular, por la riqueza caligráfica que se produce al repetir el nombre la mayor cantidad de veces posible”.
La primera vez, en septiembre de 2006, la pensó para la Oficina Proyectista. Allí ya estaban, potencialmente, todas las operaciones estéticas que iba a ir desarrollando en futuras propuestas. Los cuadernos tapizaban piso y paredes como una piel naranja que se abría en tajos. La cenefa de cinta argentina se continuaba como un zócalo otorgándole un contexto único y singular. Los visitantes revisaban y escribían los cuadernos que se fabricaron en el Ingenio Ledesma, otro espacio de terror, explotación y muerte.
Después, Andrea Fasani, emprendió proyectos cada vez más visibles y ambiciosos, tal como sus intervenciones en espacios emblemáticos, que proporcionaron una especial aura a los eventos. La Pirámide de Mayo, evocadora de las rondas de las Madres, la Iglesia de la Santa Cruz, con su historia de delaciones y traiciones. Los cajones, continentes de los cuadernos, formaban parte estética de la composición espacial.
Después museos, universidades, volvieron a hacer reaparecer y señalizar este pasado en el presente.
Ese año, el número paradigmático es 30, 30 años se iban a cumplir desde que la propia Andrea fue llevada al Banco, Puente 12 y la Avenida Richieri, donde fue apresada y torturada y de donde afortunadamente pudo salir con vida.
Como otro gesto artístico y superador su obra invadirá en mayo de 2011 el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti en la ex Escuela de Mecánica de la Armada ESMA), un siniestro centro de detención y tortura mutado en espacio cultural en el siglo XXI.
Como en muchas ocasiones de su vida artística su forma de trabajo combinará performance, intervención e instalación.

Glosario

Centros Clandestinos de Detención (CCD): Eran los lugares donde se llevaba a las personas secuestradas para su tortura, muerte o desaparición. Por allí pasaron miles de hombres, mujeres y niños, ilegítimamente privados de su libertad, en estadías que podían durar días o años. También allí hubieron nacimientos clandestinos, apropiándose los militares de muchos de los recién nacidos.
Para funcionar como cárceles clandestinas se acondicionaron casas de civiles, dependencias policiales, o de las propias Fuerzas Armadas. Todas tenían igual estructura: una zona dedicada a los interrogatorios y tortura, y otra, donde permanecían los secuestrados viviendo su “desaparición” en condiciones infrahumanas. Se los sometía a un minucioso y planificado despojo de los atributos propios de cualquier ser humano, ingresar a ellos significó “dejar de ser”, para lo cual se intentó desestructurar la identidad de los detenidos. Cuando una persona ingresaba era despojada incluso de su nombre y apellido y se le asignaba un número. Era desnudada, “tabicada” (privada de la visión) y atada. Debido a ésto se alteraron los referentes témporo-espaciales de los secuestrados, y se atormentaron sus cuerpos y espíritus más allá de lo imaginado.
Existieron más de 340 CCD distribuidos por toda la Argentina. Algunos estaban ubicados en el propio centro de las ciudades del país como la ESMA en Buenos Aires, o el Ex Servicio de Informaciones, en Rosario. Se pueden nombrar también a La Perla, El Vesubio, el Pozo de Bánfield, Mansión Seré, La Calamita (en Granadero Baigorria), la Quinta de Funes, el Batallón de Comunicaciones 121, la Escuela Magnasco, entre muchos otros.
La reconstrucción de los CCD se logró a través de cientos de testimonios aportados por los liberados que estuvieron durante un tiempo en la condición de detenido-desaparecido y de los relevamientos, inspecciones y reconocimientos efectuados por la justicia y la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CO.NA.DEP).


Crímenes de lesa humanidad: Son crímenes que ofenden a la condición misma del ser humano y a la conciencia de la humanidad. Estos crímenes están sujetos al principio de la jurisdicción internacional (si el Estado donde se cometieron estos crímenes no impone pena a los autores, otros Estados pueden juzgarlos). Los crímenes de lesa humanidad son: el genocidio, el apartheid, la esclavitud, la práctica sistemática del asesinato, la desaparición forzada de personas, la tortura, el trabajo forzoso, la reducción a servidumbre, las persecuciones por motivos religiosos, étnicos, políticos, las violaciones y otras formas de abuso sexual, la deportación masiva.
Estos delitos no prescriben, “no tienen fecha de vencimiento”, sus autores siempre pueden ser juzgados, y no reconocen el principio de la “obediencia debida”.

Desaparición forzada de personas (Desaparecidos): método utilizado por los militares que surge en América Latina en la década del '60. Cuando una persona desaparece, no hay huella, ni cuerpo, ni información sobre el destino de esa persona.
Una desaparición encubre la identidad de su autor. Si no hay cuerpo, ni víctima, entonces no hay culpable, no hay delito.
En 1975, el Ejército argentino recurrió por primera vez a la desaparición forzada de personas en Tucumán. Ya en 1976, iniciada la última dictadura militar, las detenciones legales fueron sustituidas por los secuestros y las desapariciones de manera sistemática. El método fue practicado clandestinamente, logrando imponer el silencio y la impunidad.
En 1978 el presidente de facto, Jorge Rafael Videla, declaró en una conferencia de prensa respecto a las personas desaparecidas: “Son una incógnita, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos, están desaparecidos”.
Los Organismos defensores de los Derechos Humanos estiman que durante el período 1975-1983 desaparecieron más de 30.000 personas.

Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA): Fue una de las instituciones que funcionó en el predio que el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires cedió al Ministerio de Marina en 1924.
En uno de sus edificios durante la última dictadura militar funcionó un centro clandestino de detención (CCD), tortura y exterminio. El casino de Oficiales -núcleo de la actividad represiva en el predio- fue uno de los CCD más grandes y activos del país. Por allí pasaron más de 5000 detenidos desaparecidos. Este edificio volvió a su función original (lugar habitacional y de descanso de lo oficiales superiores de la Armada) tras el retorno a la democracia.
Desde el año 2004 este edificio se ha convertido en el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.

Ex Servicio de Informaciones (SI): El ex SI tiene una gran importancia histórica para la reconstrucción de la memoria en la ciudad de Rosario y la región: allí funcionó durante la última dictadura cívico militar el Centro Clandestino de Detención (CCD) más grande de la provincia, que operó desde 1976 a 1979. Se calcula que por allí pasaron entre 1.800 y 2.000 personas, la mayor cantidad de personas detenidas ilegalmente en la región durante el terrorismo de Estado.
Este centro desplegó sus actividades en el edificio de la ex Jefatura de Policía de la Provincia de Santa Fe, en pleno centro urbano de la ciudad de Rosario, más precisamente en las instalaciones del Servicio de Informaciones de la Unidad Regional II, entre las calles San Lorenzo y Dorrego.
Los sobrevivientes del lugar y los Organismos de Derechos Humanos no ahorran palabras en afirmar que se trató del epicentro de la represión en el sur provincial. La totalidad del edificio es la representación del genocidio ejercido por el terrorismo de Estado en la región, equiparable a la ESMA, en Capital Federal, o La Perla, en la ciudad de Córdoba. Cabe mencionar que, dentro de las instalaciones de la ex Jefatura funcionaba también la Alcaidía, lugar por el cual pasaron numerosos presos políticos, no ya en calidad de detenidos desaparecidos sino como presos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

Iglesia de la Santa Cruz: Esta iglesia participó activamente en el movimiento anti terrorismo de Estado de la década de los 70 en Argentina.
Allí se llevaban reuniones de familiares de desaparecidos en busca de justicia y verdad. Fue aquí donde el 8 de diciembre de 1976 , el grupo de tareas de la ESMA secuestró a 7 personas a la salida de la iglesia, donde se habían reunido para organizar una colecta de dinero con el fin de publicar una solicitada en el diario La Nación con los nombres de sus familiares desaparecidos. Ese día se conmemoraba la fiesta de la Inmaculada Concepción de María o Día de la Virgen, por lo tanto el secuestro ocurrió en un lugar muy concurrido y a la vista de numerosas personas. Ese día fueron secuestrados y desaparecidos: Gabriel Horane, las Madres de Plaza de Mayo María Eugenia Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga, la activista de derechos humanos, Angela Auad, Raquel Bulit, Patricia Oviedo y la monja francesa Alice Domon.
Ese mismo día, el grupo de tareas también secuestró a Remo Berardo en su domicilio y atelier del barrio de La Boca, quien participaba de las reuniones en la Iglesia de la Santa Cruz. Por la tarde, secuestraron a Horacio Elbert y José Fondevila en el bar “Comet”, en la esquina de las avenidas Paseo Colón y Belgrano, cerca del periódico Buenos Aires Herlad, donde solían encontrarse algunos integrantes del grupo.
El plan de secuestro terminó el 10 de diciembre de 1977 con la captura de Azucena Villaflor de Vicenti y Léonie Duquet, monja francesa, en sus domicilios, ya que no habían concurrido a ninguno de los lugares donde se ejecutaron los operativos previos.
El Oficial Alfredo Astiz "Angel" o "Rubio" o "Cuervo" o "Eduardo Escudero", entonces Teniente de Fragata, poseía una relativa experiencia en trabajos de infiltración en organismos de derechos humanos. Tal vez por eso le encomiendan esta tarea a fines de 1977. Entre los meses de octubre y noviembre de 1977, Astiz comenzó a asistir a misas, actos y reuniones de carácter público que por ese entonces desarrollaban los familiares de desaparecidos, utilizando la identidad de Gustavo Niño. Simulaba ser hermano de un verdadero desaparecido. Surgió entonces la necesidad de que concurriera los días jueves a la Plaza de Mayo, donde se reunían los familiares de personas desaparecidas. En una de estas ocasiones la Policía Federal intervino y perturbó el desarrollo normal de la marcha, a raíz de lo cual Astiz los enfrentó en defensa de las Madres. El suceso sirvió para hacerse conocer por los familiares. Es él quien entrega con un beso en la frente, a las personas que debían ser secuestradas en la iglesia de la Santa Cruz.
El 21 de diciembre de 1977 cinco cadáveres fueron descubiertos en una playa de Santa Teresita. Los cuerpos fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle, luego de que el mar los arrastrara hacia la costa de esa localidad en la provincia de Buenos Aires. Los restos recién fueron identificados en 2005 y pertenecían a Angela Aguad, María Eugenia Ponce de Bianco, Esther Ballestrino de Careaga, Azucena Villaflor de Vicenti y Léonie Duquet.
La identificación de estas víctimas completó la evidencia del siniestro circuito por el que pasaron algunos detenidos desaparecidos, desde su secuestro hasta los llamados “vuelos de la muerte”.
Los crímenes cometidos contra el denominado “grupo de la Santa Cruz” fueron juzgados en la causa ESMA II.

Ingenio Ledesma: Ledesma S.A.A.I (Sociedad Anónima Agrícola Industrial) es una empresa agroindustrial de capitales argentinos que emplea a 8.000 personas, lidera los mercados nacionales del azúcar y del papel, y tiene importante participación en los de frutas y jugos cítricos, carne y cereales, alcohol, bioetanol y jarabes y almidones de maíz. A mediados de 1927 se incorporó el ingeniero Herminio Arrieta. Durante su presidencia (1945-1970) se multiplicó por tres veces y media la producción de azúcar.
A partir del 24 de marzo de 1976, la persecución y la represión en Ledesma se hizo total con el apoyo y la colaboración del Ingenio, siendo su director en esos momentos Carlos Pedro Blaquier. La noche del 27 de julio de 1976 se cortó el suministro eléctrico en todo el departamento de Ledesma, mientras policías, gendarmes, militares y capataces de la empresa comenzaron a allanar y saquear viviendas en Libertador Gral. San Martín y Calilegua, conociéndose esa trágica noche como la “Noche del Apagón”.
En vehículos del Ingenio Ledesma fueron trasladados más de 400 trabajadores, estudiantes, sindicalistas, profesionales y campesinos a un centro clandestino de detención emplazado en los galpones de mantenimiento del Ingenio donde permanecieron hasta meses, secuestrados, atados y encapuchados. Allí fueron objeto de torturas e interrogatorios, algunos fueron liberados, otros aparecieron en cárceles de distintas provincias y más de 30 aún continúan desaparecidos.
En 2012, Carlos Pedro Blaquier fue procesado por la justicia federal de Jujuy como cómplice primario en 26 casos de privación ilegítima de la libertad en la causa Burgos, por haber facilitado las camionetas para efectuar el traslado de los secuestrados a CCD y por los 36 secuestros seguidos de asesinato y desaparición durante la “Noche del Apagón”.
Se realizaron allanamientos a la empresa y se constató el espionaje ilegal contra quienes habían participado en la marcha por la “Noche del Apagón” en 2005. En un informe de 300 páginas, se señala la «lista final de organizaciones y dirigentes que participaron», entre ellos integrantes de HIJOS y otros organismos de derechos humanos. En 2013 tras descubrirse los documentos secretos del escuadrón 20 de Orán donde se conoció la colaboración entre el zar azucarero y los ejecutores, el fiscal Pablo Pelazzo pidió la detención de Pedro Blaquier.

Dejame que te cuente

Es un proyecto destinado a contar las historias de víctimas del terrorismo de Estado de Rosario que se exhibe en la sala Lectores de la muestra permanente del Museo de la Memoria desde el año 2015.
Dejame que te cuente también es un espacio que propone narrar, a partir de materiales recopilados por el Centro Documental Rubén Naranjo, del Museo, contar el paso de esas vidas por la ciudad, recuperando tanto la singularidad de su historia como los nexos comunes con la actividad social del pasado reciente. Voces que emergen y reconstruyen discursos marcados por una voluntad de transformar el mundo y de lograr una sociedad más justa.
Narrar esas vidas es la dolorosa experiencia que los familiares han tenido que realizar en su entorno íntimo y en medio de una ausencia irreversible. “Dejame que te cuente”, este archivo biográfico que toma la forma de un libro para cada historia, abre a la sociedad en su conjunto la posibilidad de incorporarse a su narración.
¿Qué es un recuerdo sin un relato que lo ubique en la constelación de nuestra propia vida? Aquellos documentos guardados en el fondo de un cajón, esas fotografías que se erigen como monumentos sobre la cómoda, el universo que arrastramos en cajas viejas mezclando postales estampilladas con cartas amarillentas plegadas con prolijidad. Fragmentos que piden ser contados.
Cada historia de vida posee un registro urbano, institucional, familiar, fotos en los cumpleaños, en los casamientos, en el carnet del club o de la biblioteca, en la libreta de la universidad. Cada biografía sostiene una dimensión común que nos involucra en la historia.
Lectores también contiene una instalación aérea compuesta por una serie de fichas de socios de la Biblioteca Argentina, hoy desaparecidos, a través de la cual se busca humanizar la emblemática cifra: “30.000”. ¿Quiénes eran? ¿Dónde estudiaban? ¿Dónde trabajaban? ¿En qué barrio de la ciudad vivían? ¿Qué leían?

Graciela acababa de recibirse de bibliotecaria y
convenció a su hermana para que estudiase lo mismo
porque, recuerda, era una carrera corta con buena salida
laboral. Años antes, Marta había dejado de estudiar para
dedicarse a cuidar a su mamá enferma y trabajar junto a
su papá, en la peluquería que él mantenía.

Marta siempre había querido diferenciarse de Graciela;
y Graciela, de Marta. Construir una identidad al lado de
quien ha compartido hasta el saco materno no debe
haber sido sencillo, y mucho menos, cuando todo el
mundo confundía a una y a otra. Por eso, a los 8 años, se
plantaron y ya no quisieron más que las vistieran iguales.
-Fue gracioso cómo nosotras, que siempre queríamos
diferenciarnos, terminamos trabajando en el mismo lugar
-cuenta su hermana Graciela.
(Dejame que te cuente / Marta Diez)

Marta Diez trabajaba como referencista en la Biblioteca Argentina de Rosario, “Juan Alvarez”. Tenía 34 años cuando fue secuestrada el 15 de mayo de 1977 junto a su novio, Jorge Humberto Barrantes, en la pensión donde vivía él, en la calle Suipacha 154. El operativo militar fue protagonizado por un grupo de personas armadas, quienes además se llevaron un Citroen, propiedad del padre de Marta, Pedro Diez.
Sus familiares relataron ante la CONADEP que a los ocho días del procedimiento salió una noticia en los diarios que refería a un enfrentamiento ocurrido el 21 de mayo de 1977, en el cual se habría incendiado un auto Citroen y que producto de ello habrían muerto dos hombres y una mujer. La fuente de la noticia fue el Comando del II Cuerpo del Ejército. Pedro Diez concurrió a la morgue pero no pudo reconocer el cuerpo.
El 22 de mayo el diario La Capital en su tapa titula “Fueron muertos extremistas en nuestra ciudad”. “En un enfrentamiento con fuerzas de seguridad fueron abatidos dos hombres y una mujer”. Era común en esos tiempos afirmar que los detenidos políticos morían en enfrentamientos cuando en realidad habían sido asesinados luego del paso por algún centro clandestino de detención.
Los restos de Marta fueron identificados por el Equipo de Antropología Forense (EEAF), entre otros cadáveres hallados en el cementerio La Piedad de la ciudad de Rosario, en tumbas NN. Sus restos fueron entregados a sus familiares.
Los crímenes de Marta y Jorge son investigados en la denominada causa “Guerrieri”, jefe de Inteligencia del Comando con asiento en Rosario.

Carlitos hijo se dedicó entonces a ser niño en
Rosario. Jugaba al fútbol y cazaba ranas. Después,
corría a su casa con el balde lleno y le exigía a
su madre que se las cocinara. Dominga renegaba,
pero no podía decirle que no. No podía, a él, ese
niño tan dulce, tan cariñoso, tan lleno de barro,
decirle que no. Las calles de Rosario fueron el
escenario de sus aventuras y en la cortada Juan
Vélez, al sur del barrio Echesortu donde vivían,
Carlitos descubrió la luna.
-Vení, vení, mirá- le dijo una noche a su hermana
Ester desde el umbral de la puerta de su casa
donde estaba parado-. Esta es la luna de Juan Vélez.

Una pelota amarilla gigante se recortaba, bajita,
en el cielo oscuro y parecía apoyarse en el centro
de la calle. Desde entonces, esa luna grande sería
siempre la luna de Juan Vélez.
(Dejame que te cuente / Carlos Blasetti)

Carlos Blasetti le decían “Carlotta”, fue militante de la Unión de Estudiantes Secundario (UES), luego de la Juventud Peronista (JUP) en la Facultad de Ciencias Económicas y de Montoneros. Fue asesinado por el régimen militar el 1° de julio de 1976, a los 19 años, en una “cita cantada” en la calle Almirante Brown al 2200 en la ciudad de Rosario.
En su Facultad se realizó un acto de descubrimiento de una placa-homenaje a los alumnos y ex alumnos desaparecidos de ese establecimiento educativo universitario, entre los que se contaba Blasetti.

Fuentes bibliográficas

-Colección Dejame que te cuente. Museo de la Memoria de Rosario

-Cuadernos para no olvidar. Comisión Provincial por la Memoria

-Cuadernos para reforzar la memoria. Página/12 por Gabriel Lerman, 8 de diciembre de 2008

-Inspección ocular en la Iglesia Santa Cruz. CELS (Centro de Estudio Legales y Sociales), 18 de septiembre de 2013

Muestra '30 (treinta)' Andrea Fasani. Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

Bibliografía Sugerida

-Historias de vida. Homenaje a militantes santafesinos. Aportes para la construcción de la memoria colectiva. Gobierno de Santa Fe
Es el título de la encuadernación de la primera sentencia después que se reanudaron los juicios contra crímenes de lesa humanidad, en el año 2010.
La realización del libro fue posible gracias al trabajo conjunto entre el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a través de la Secretaría de Derechos Humanos, organismos y militantes.
“Es un esfuerzo destinado a rescatar voces de familiares, amigos, compañeros, esposas/os e hijos de quienes fueron víctimas de la dictadura. La obra busca, asimismo, aportar testimonios en los que se recuperen ideales, valores y afectos. El objetivo es recuperar voces silenciadas para que les hablen a las nuevas generaciones, para que les cuenten acerca del país más justo con el que soñaron y que deberán construirse en el futuro”, señalaron los responsables de la nueva edición.
La propuesta es una iniciativa conjunta del Ministerio de Justicia, del Programa de Derechos Humanos de la UNL y de la Comisión Provincial de la Memoria “en el camino de generar políticas que promuevan espacios de transmisión y recreación de la memoria colectiva, a través de distintos soportes de producción cultural.


-Nuestros hijos. Asociación Madres de Plaza de Mayo
El coraje civil de las Madres de Plaza de Mayo muestra un camino. No es fácil ni cómodo. Es digno. Y la vida no tiene sentido sin dignidad, sin justicia, sin libertad, sin amor. Las Madres ya nos han enseñado que vivir es luchar. Y luchar es soñar. (Alipio Paoletti. De su libro “Como los nazis, como en Vietnam”)


-Poscrisis. Arte argentino después del 2001. Andrea Giunta, Siglo Veintiuno Editores
La autora analiza cómo la crisis socioeconómica de 2001 generó una sorprendente repercusión en el campo del arte. Se trató de un resurgir de las expresiones artísticas y movimientos culturales tan variados como impensados en esos tiempos caóticos que vivía la sociedad argentina.
En esos momentos de altísima conflictividad social, política y económica se produjo una explosión de exhibiciones e intervenciones artísticas, a la que se sumó la inauguración de museos, la aparición de revistas, el florecimiento de los blogs, el trabajo curatorial y una gran cantidad de debates y conferencias que trataban sobre el tema. La autora recorre y analiza detalladamente cada uno de estos hechos y compone, además, un glosario de términos que emergieron en ese período.
Indispensable para comprender la fertilidad de la crisis y la acción artística como expresión social privilegiada, Poscrisis es un libro fascinante, que tiene el mérito de ser un completo estudio sobre el arte de la última y convulsionada década en la Argentina.


Sólo digo compañeros. Vida y compromiso militante desde el norte de Santa Fe. Raúl Borsatti
El autor rescata historias de vida y relatos sobre desaparecidos de la última dictadura militar argentina, que pertenecieron a la zona de Reconquista, norte de la provincia de Santa Fe.


Videos sugeridos

-Azucena
Claudia Bueno, Laura Villafañe, Diego Csome, Julián Cosenza
Argentina / 2010 / 45 min / Documental / Color, blanco y negro
Realizado por el equipo documentalista del Instituto de Medios de Comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), este trabajo retrata la figura de Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, secuestrada por un Grupo de Tareas en 1977 y arrojada al mar en uno de los llamados vuelos de la muerte. El trabajo cuenta con los testimonios de algunos de sus hijos, de las Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora Aída Sarti y Pepa Noia y de personas que compartieron su cautiverio en la ESMA.

-Diablo, familia y propiedad
Fernando Krichmar
Realizado en 1999, es un impactante trabajo sobre los desaparecidos en el Ingenio Ledesma, uno de los íconos del colaboracionismo empresarial durante los años de sangre.

-El balancín de Iván
Darío Stegmayer
Ana regresa a la casa donde pasó parte de su infancia durante la dictadura de Argentina de mediados de los años setenta. Una vez allí recordará los últimos momentos que pasó junto a sus padres y su hermano Iván. Corto realizado en 2003.

-Garage Olimpo
Marco Bechis
El film relata lo ocurrido en los centros de detención clandestina creados por la última dictadura-cívico militar argentina (1976-1983), y los episodios de terrorismo de Estado y tortura que sufrieron los desaparecidos durante esa época. El director fue él mismo un detenido-desaparecido en uno de los centros clandestinos de detención de la dictadura.

-Montoneros, una historia
Andrés Di Tella
El documental cuenta una historia personal y colectiva a la vez, va enhebrando testimonios e imágenes de noticieros y videos que reproducen rostros y episodios claves de aquellos años. Ana, una ex montonera, evoca la experiencia de los años violentos de la Argentina en el movimiento Montoneros, con los ojos del presente y con los interrogantes que aún no ha podido responderse.

 

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