Diario La Capital - Señales, Domingo 17 de Marzo de 2013

«En el arte no hay progreso»

El escritor salteño estuvo en el ciclo Poetas y musiqueros, en el Museo de la Memoria. Los viajes, la tierra natal, la percepción de la naturaleza, la experiencia del exilio y la escritura poética, como ejes de vida y reflexión.

Letra y música. Castilla (derecha), junto con Martín Neri, durante su presentación en Rosario.

(Por Lara Pellegrini).- Tal cual el río, Leopoldo "Teuco" Castilla parece fluir sereno en su cauce infinito. Como su padre, Manuel J. Castilla, ha dedicado su vida a la poesía. Acaba de publicar Guarán luego de cuatro viajes por el Amazonas y Gong, canto al Asia, libro que reúne tres volúmenes, en los que relata andanzas por el sudeste asiático. Además está en pleno proceso de producción de un disco que musicalizará Manada, otro de sus libros, junto al músico rosarino Martín Neri, con quien se presentó en el Museo de la Memoria. El Teuco Castilla escribe, escribe y escribe. Hasta dejó dormidita a la muerte para seguir escribiendo y compartiendo el vino con los buenos amigos. Viaja, con imparable naturaleza, y parece sentir tan propio lo desconocido, como el mar sus peces nuevos. Así lo llamó su padre cuando niño: Teuco, río.

—Qué producción, Teuco...

—Es que yo escribo de ocioso. Como decía un gitano: y si este trabaja porque no sabe hacer otra cosa.

—¿Y cómo son esos momentos de escritura?

—La poesía sale cuando quiere, anoto lo que voy sintiendo. Pero cuando me siento a trabajar soy bastante disciplinado, porque viajo mucho y tengo acumuladas cosas en la cabeza para escribir. Ahí es sentarse frente al papel y rogarle al diablo que venga la señora esa, te visite, y puedas escribir.

—¿Vivís el viaje como una manera de alimentar tu poesía?

—He viajado mucho, a mí me parece que haber aparecido en el planeta, en todo este planeta que es tan hermoso, poder contar lo que están haciendo, lo que hacen y defenderlo... Se va perdiendo tanta cosa que espero que quede lo pequeño, la memoria, el testimonio de lo que había.

—¿Lo ves así, como un registro?

—No, yo me dedico a la poesía. Digo que después de tantos libros andando, inevitablemente se ha ido haciendo eso también espontáneamente. Ahora salió este libro, Guarán, dedicado a la explotación, la usurpación de la Amazonía; y también estoy escribiendo un libro sobre las Antillas, un montón de trabajo que vaya a saber uno qué destino tiene.

—¿Escribís desde chico?

—Escribí mi primer poema a los 14 años y era casi tan horrible como los que escribo ahora (risas).

—Bueno, al menos sos un tipo coherente...

—En el arte no hay progreso. El arte es prodigio y el prodigio no tiene tiempo, es un acto que queda fuera del tiempo, por eso escuchas música de hace cuatro siglos y te maravillas ahora. Está hecho con la memoria de toda la humanidad, digo yo ¿no? El artista pilla esas energías que andan sueltas por ahí, que están cargadas con la apreciación de todos.

—¿Y la poesía?

—La magia que tiene la poesía, es que es inexplicable. Todos los siglos que han pasado y nadie puede explicar qué es la poesía. ¿Sabés lo que es el amor? La poesía es más misteriosa, porque con el amor por lo menos te hablan de las feromonas y qué sé yo. Pero la poesía, andá a saber. Yo he escrito versos que no sé ni por qué me han salido y por lo general esos versos son los que más me gustan.

—En Guarán contás tu viaje por el Amazonas. La naturaleza está siempre presente en tu poesía. ¿Cómo es tu relación con ella?

—Cuando yo era chico mi padre y mi tío eran obrajeros, así que yo me he criado en el monte. Por eso la selva me encanta, la naturaleza es lo que más me gusta. Además, he viajado mucho y me he metido en la selva por ejemplo de Tailandia, Birmania, en la selva de Malasia; y de chico he andado mucho la selva.

—¿Cómo fue tu infancia, la relación con tu padre?

—He tenido una relación hermosa con mi padre, éramos muy amigos. Él me enseñó todo lo que yo sé, entre otras cosas me enseñó a no hablar de él, pero era un hombre que yo respeto mucho porque fui testigo de cómo ha entregado la vida a la poesía, que es como se debe hacer. Y eso es cumplir para lo que uno ha venido.

—¿Vos lo sentís así también?

—Yo sí, toda mi vida ha sido para esto y si no puedo escribir me siento el hombre más desgraciado del mundo. Si me dejan en medio del polo, con la certeza de que nunca nadie me va a encontrar, escribiría igual, en el hielo.

—¿Tuviste un momento que te diste cuenta que era esto lo que querías o fue siempre natural?

—Cuando tenía 17 años, yo estudiaba Derecho en Tucumán y un día me hice esa pregunta. Durante 15 días me puse a prueba, y vi que efectivamente, era yo nomás, así que ya ahí me desentendí del tema.

—¿Cuántos años estudiaste Derecho?

—Dos años, dos años y medio, pero cuando empecé a escribir poesía, al diablo el Derecho, todo. Todo, he tirado todo. Dos carreras he dejado a la mitad, una en Tucumán, Derecho, y otra en Salta. Empecé a estudiar Letras y la tuve que interrumpir por el exilio. Tenía 28 años. Volví apenas se terminó la dictadura y no conseguía trabajo. Tenía una hija chiquita allá en España y era titiritero. Entonces hasta que conseguí trabajo aquí, en el 97, no vine.

—¿Cómo surgió eso de ser titiritero?

—Yo vivía en Madrid y en la calle lo encuentro a Javier Villafañe, acababa de venir de Venezuela. Vinieron a vivir a mi casa, y me dice: ¿por qué no te haces titiritero? Me insistió, me hizo los muñecos y paralelamente el Huayra, mi hermano, se estaba haciendo titiritero, luego él me cuenta. Entonces, durante 20 años viví de titiritero, hasta que ya no pude más por mi codo, pero es un oficio increíble, me ha dado mucha libertad y me ha dado de comer, así que estoy muy agradecido. Para vivir he hecho muchos trabajos allá: de mozo, he hecho encuestas. Estoy muy agradecido a España, le tengo la mitad del alma pendiente.

—¿Ahora vivís en Buenos Aires?

—¿Vos sabes dónde vivo? ¡Haceme el favor, pasame el dato! (Risas). Sí, la mayoría del tiempo que estoy en algún lado, estoy en Buenos Aires.

—¿Y Salta?

—Yo pagaría oro para volver a nacer en Salta, si algún día muy pero muy lejano, que espero incluso no suceda, llego a morir. Salta es una galaxia, aparte que los salteños somos querendones con la tierra, pero no somos chauvinistas. Es una tierra que no te deja vivir, que no te deja irte, a donde vayas la tenés que cargar. ¿Vos sabés lo que es llevarte una provincia? Llevarte una valijita ya pesa, ¡imaginate llevarte una provincia!

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